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Debemos apostar

Enviado por Hugo Arias V. el 10 abril, 2009 a las 20:47

 

Una pregunta fundamental respecto de la innovación es cuál de las sendas que se nos ofrecen es la que debemos tomar, teniendo en cuenta que no podemos ser buenos en todo. En este punto fundamental, el Consejo de Innovación toma clara distancia de dos opciones extremas.

Una afirma que existen algunos sectores donde se concentra la posibilidad de innovar y ser más competitivos, y que son esos los que debemos elegir, sin importar con qué ventajas podamos partir en ellos o cuánto esfuerzo nos puede costar alcanzar los niveles de productividad que nos permitan competir en las ligas mundiales.

Y la otra, que ha dominado la acción pública durante los últimos decenios, es la neutralidad, esto es, que el mercado irá contestando naturalmente las preguntas relativas a dónde deberemos concentrar nuestros esfuerzos. Pero el problema es que los bienes públicos no son todos neutrales, como el caso del tipo de capital humano o las condiciones de infraestructura de investigación científica o la normativa sobre derechos de propiedad que requiere un sector altamente demandante de I+D, como la acuicultura, o un sector eminentemente enfocado en los servicios, como el financiero. Por lo tanto, no apostar a nada entraña el riesgo de sacrificar el desarrollo de algunos sectores en los que el país podría tener ventajas especiales, pues se pierde la oportunidad de moverse a tiempo para llegar a competir exitosamente en el mundo, por el hecho de no proveer oportunamente ciertos insumos que son fundamentales para lograr tal desarrollo.

Esa es precisamente la razón que obliga a abordar el problema de la innovación con una mirada prospectiva, con el objetivo de que aquel subconjunto de bienes públicos que no son transversales a toda la economía (como ocurre en el caso de la infraestructura en general o la educación, entre otros), sino específicos para algunos sectores, sean ofrecidos de manera eficiente y oportuna y no sobre la base del poder de presión de los grupos constituidos. Esto ocurre en el caso de las regulaciones, infraestructura y capacidades científico-tecnológicas necesarias.

Tal como reconoce la OCDE, en la transición hacia un mayor crecimiento impulsado por la innovación, Chile debe aprovechar sus fortalezas y ventajas comparativas mediante el fortalecimiento de aquellos clusters incipientes, principalmente, aunque no exclusivamente, basados en recursos naturales, con el fin de desarrollar prácticas innovadoras que ayuden a transformar en ventajas dinámicas las actuales ventajas estáticas de la economía chilena. Para ello se puede incentivar tanto el desarrollo de nuevas actividades, mediante la incorporación a la base exportadora de productos con alto valor agregado, como la mejora de productos y servicios especializados, originalmente enfocados a los clusters basados en recursos naturales, buscando nichos de alto valor en los mercados más exigentes, donde el conocimiento y las capacidades de innovación, y no la escala u otro factor exógeno, constituya la ventaja para el país.

Por ello, la propuesta del Consejo de Innovación apunta a incentivar fuertemente el desarrollo empresarial, la formación de capital humano y la investigación (básica y aplicada) considerando la especificidad de aquellos sectores que sean promesa de un mayor desarrollo para el país con un fuerte impacto en innovación, como son hoy la acuicultura y la minería, ya constituidos y muy fuertes, o la naciente oportunidad que nos dan las nuevas tecnologías de la información para ofrecer desde Chile servicios profesionales de alto valor a empresas localizadas más allá de nuestras fronteras.

 

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