Enfrentado hoy el país al renovado desafío de seguir creciendo para alcanzar el desarrollo, a este Consejo le corresponde contribuir a esta tarea proponiendo a la Presidenta de la República una Estrategia Nacional de Innovación para la Competitividad que se fundamenta en un aporte cada vez más significativo de conocimiento en la actividad productiva que parte aprovechando las ventajas que el país tiene en el área de los commodities basados en recursos naturales, pero busca también el despegue de sectores más alejados de dichos recursos que hoy exhiben un prometedor potencial de crecimiento.
Esta alternativa, que exige un mayor esfuerzo por elevar la competitividad nacional por la vía de la innovación, no es sólo una fórmula para asegurar un mayor crecimiento. Es también una senda orientada hacia una mayor equidad, pues tiene como recurso de base el desarrollo del conocimiento, un activo cuya propiedad es, o tiene el potencial de ser, mucho menos concentrada y que abre nuevas y mejores oportunidades a quienes lo poseen.
Tal como se discutirá en este documento, el conocimiento, en cuanto bien económico, es bastante especial. Una de sus principales características es que no hay rivalidad en su consumo: es decir, que el hecho de que alguien lo utilice no impide que otra persona lo use al mismo tiempo. A su vez, se trata de un bien sobre el cual los derechos de propiedad no están perfectamente definidos, y eso significa que nadie puede ser dueño exclusivo de un conocimiento como si éste fuera un pedazo de tierra.
La evidencia internacional muestra que los países que han alcanzado el desarrollo invirtieron una gran cantidad de recursos en la generación de nuevo conocimiento, descartándose la idea de que las actividades científico-tecnológicas son “pasatiempos de país rico”. Una característica adicional de estos países es que muestran un patrón de distribución de la riqueza bastante más equitativo que el nuestro y una explicación de ello podría ser precisamente que su estructura productiva se basa en sectores donde la tecnología y el conocimiento juegan un rol clave. ¿Cómo?
Porque en los sectores que se basan en los recursos naturales la propiedad -de la tierra, el agua o los minerales- está muy bien definida y concentrada en muy pocas manos, lo que permite que la renta sea fácilmente capturable por los pocos dueños existentes.
En cambio, en aquellos sectores intensivos en conocimiento, donde la propiedad de éste está más extendida (situación que se repite para todos los países, independiente de su estado de prosperidad económica), las rentas -que pueden ser muy importantes- se reparten entre más personas.
Las implicancias de esto en la distribución del ingreso son evidentes.
Pero existe otro elemento clave que promete más equidad si Chile avanza hacia la economía del conocimiento: el capital humano. Las estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) muestran que entre más alto el nivel de capital humano, mayor es la participación en el mercado laboral, la empleabilidad y los salarios.


Suscribirse
Consejo Nacional de Innovación
Correo electrónico: 